Nos quedamos despiertos hasta muy tarde, y me gustaría decir que no me duele nada, que me siento maravillosa y que no me forcé en absoluto, pero no es cierto.
Quizás fue la caminata de la tarde, la tensión por la casi detención de Ranma, o el hecho de no haber dormido apenas mientras me retorcía entre sus manos, pero me siento exhausta, e increíblemente dichosa.
El cuerpo de Ranma me arrulla y calienta, quizás demasiado, estoy sudando. Necesito un analgésico. Necesito recuperarme cuanto antes, le he prometido que me voy a cuidar. Alargo la mano como puedo, liberándome de un abrazo que me tiene absolutamente presa y agarro mi teléfono que no deja de vibrar ante las notificaciones entrantes.
Tengo varios mensajes de Akari disculpándose por lo de ayer.
[Akari:
Ryoga se extralimitó con Ranma, ya le he explicado todo y que yo estuve allí. No te preocupes por él, me gustó mucho verte ayer]
No deja de ser increíble que tenga al inspector Hibiki comiendo de la palma de su mano cuando apenas le conoce desde hace unas semanas.
[Akane:
¿De veras lo llevaste a la poza?]
[Akari:
Si, hasta le hice un mapa para que volviera cuando quisiera, estaba muy emocionado, dice que lleva años intentando cazar a un mafioso]
[Akane:
Ah, sí. Sé a quién se refiere]
[Akari:
¿Te molesta?]
[Akane:
Me inquieta, si te enteras de algo más avísame. Me temo que mi cuñado trabaja ahí]
[Akari:
Lo haré. ¿Y Ranma?]
[Akane:
¿Qué pasa con Ranma?]
[Akari:
¿Él no está molesto? También trabaja ahí]
[Akane:
No estoy segura, creo que lo que dijo que no volver iba en serio]
[Akari:
Bien, me alegro. Deberíais manteneros alejados de ese lugar]
[Akane:
Si, yo también lo creo]
[Akari:
Entonces… ¿hicisteis las paces?]
Aprieto los labios mientras siento la respiración de Ranma en mi cuello y sus brazos posesivos alrededor de mi cintura. No sé cómo explicar esto sin que suene absolutamente inadecuado. Enrojezco hasta la raíz del cabello.
[Akane:
Me estoy quedando en su piso]
[Akari:
¿En su piso… y en su cama?]
[Akane:
…si…]
Me muerdo el labio mientras mi amiga me envía hasta tres mensajes de audio. Supongo que la noticia le ha impactado tanto como a mi.
Me retuerzo y aparto uno de sus enormes brazos, y él responde apretándome más de forma perezosa y absolutamente deliciosa. Este hombre está hecho de acero y calor, gimoteo intentando liberarme y lo consigo después de apartar sus manos con mucho esfuerzo, estoy jadeando cuando salgo de la cama y él me mira con una sonrisa confiada.
—¿Te hago el desayuno?
—¿Estabas despierto?
—Mmmh —contesta risueño, yo ruedo los ojos porque me temo que soy muy inocente en ciertos aspectos—. ¿Cuándo vas a revisión? —pregunta sin embargo.
—Esta tarde.
—Bien, te acompaño.
Estoy a punto de contestar que no es necesario, pero me muerdo la lengua y asiento. Eso parece ponerle de muy buen humor, se levanta y se acerca a mi, alza una ceja y pasa un dedo por mi párpado amoratado.
—Parece que está mejor, te dejo tranquila para que cotillees con tu amiga sobre mi —dice el muy ególatra.
—No puedes leer mis conversaciones, hay una cosa que se llama privacidad.
—Eres tú la que insiste en meterse en mi cama… Supongo que no puedes resistirte a este cuerpo tan sexy —Y solo por eso se gana un golpe con la almohada que no logra aplacar su salvaje sonrisa.
Me atrae hacia él y me besa de forma breve e intensa, y cuando me suelta me siento mareada, como si el suelo diera vueltas. Sale de la habitación demasiado orgulloso de sí mismo y yo suspiro mientras escucho los audios de Akari, que consisten en muchísimos gritos histéricos y una insistente invitación para una tarde de chicas.
—Ranma Saotome, ¿¡ESO ES UN CHUPETÓN!?
La voz de Ryu reverbera por todas las paredes así como su risa alta y potente, la humillación se apodera de mí cuando salgo al pasillo y ese hombre me recibe con un abrazo que me engulle.
—Akane, ¡confió en ti! —dice mientras me agarra por los hombros y me mira con ojos brillantes—. ¡Tú puedes!
—¿Eh?
—¡Deja de decir cosas raras! —exclama Ranma interponiéndose entre los dos, y Ryu vuelve a reír como si esto fuera lo mejor que le ha pasado en la vida.
Diez minutos después estamos desayunando todos juntos en la mesa de la cocina, he intentado coger los palillos con la mano izquierda sin ninguna gracia, así que Ranma me ha vuelto a ofrecer una cuchara y un tenedor pequeño. Me llevo el arroz a la boca con la mirada en mi plato mientras Ryu mueve con parsimonia su taza de té y nos mira a ambos con una sonrisa felina.
—Tu también tienes un chupetón —dice apuntando a mi cuello, y Ranma se atraganta un poco, aunque lo disimula con un carraspeo—. Tendrás que enseñarle a no dejar marcas, me temo que carece de la experiencia para ser delicado.
—Voy a patearte tan fuerte el culo que no vas a poder sentarte en un mes —dice Ranma a mi lado, rompiendo sus palillos con los dedos y haciendo que Ryu abra su sonrisa.
—Si, creo que me vendría bien un buen entreno. Y ya de paso me explicas que les pasó a los sacos de arena del gimnasio, reventaste dos de los de setenta kilos.
Veo a Ranma bufar y acabarse su plato, asesinar a su hermano con la mirada y meterse en la habitación. Ryu y yo nos quedamos a solas y le miro llena de inocencia, rezando porque no me haga ningún comentario más, o alguna pregunta comprometida.
—Es un poco bruto, y a veces no tiene tacto. Cuando cree que tiene razón es imposible razonar con él, pero en el fondo siempre escucha, y tiene un corazón inmenso. Y por encima de todo, siempre protege a su familia. Así que por favor, cuida de mi hermano.
Trago saliva, emocionada, y asiento en un silencio que mis lágrimas amenazan con romper. Ranma sale de la habitación con su bolsa de deportes al hombro, me mira brevemente mientras Ryu también se pone en pie.
—Descansa, come algo, y sobre todo no hagas tonterías —Me indica mientras se dirige a la puerta, me muero de la envidia, yo también quiero ir a entrenar, pero debo ser consciente de mis actuales limitaciones. Así que asiento, dispuesta a cumplir con la promesa que le he hecho, y él sonríe tímido y se despide con un cabeceo. Me quedo un poco decepcionada de que no se despida con otro beso, pero supongo que eso daría lugar a nuevas burlas de Ryu, y ya tiene bastante material para ponerse las botas a base de comentarios inadecuados para un par de semanas.
Así que me quedo a solas en el piso, y aprovecho para darme una ducha salvando la escayola y me lavo el cabello con una mano mientras bufo por la incomodidad. Yo también estoy deseando que me quiten esta cosa.
Miro mis pijamas ajados y los tiro a la basura, me visto con ropa cómoda y hago la colada. Ranma y Ryu tienen una lavadora con función de secado. Todo un lujo. Me tomo mis analgésicos, curo la herida de mi pierna y echo en falta sus manos nerviosas apretando la venda.
Y después de todo me dejo caer en el sofá, y de forma ociosa enciendo la televisión. Solo entonces me percato de que la pantalla es enorme, mucho más de lo recomendable para esta distancia. Hombres. Ruedo los ojos y hago algo que no creo haber practicado desde mis primeros años de instituto. Veo la televisión, sin urgencia ni interés, pura y anodina evasión.
.
..
…
—¿Akane?
Alzo la mirada mientras Ranma me observa ligeramente alarmado, ni siquiera le he escuchado llegar.
—¡Sshhh! —siseo sin poder apartar la mirada de la pantalla—. Espera un momento, justo ahora están discutiendo.
—¿Quienes?
—¡Ellos! —digo señalando hacia la gigantesca pantalla con mi brazo sano, ligeramente indignada por tener que perderme siquiera un gesto o un pestañeo.
Ranma mira la televisión y después me mira a mí, o eso creo, porque el caso es que no le presto ninguna atención.
—¿¡Te has enganchado a un reality!?
Frunzo el ceño sin apartar la mirada de la pantalla.
—¡Sshhhh! —repito clamorosa mientras la pareja ha comenzado a gritarse acusaciones que me dejan con la boca abierta—. Oh, creo que van a romper —me muerdo los labios preocupada, Ranma menea la cabeza.
—Bien, vale. Voy a ducharme, ¿hago palomitas?
—¡Ssshhhh! —reitero subiendo el volumen del televisor.
Un rato después siento su imponente figura y su maravilloso olor a jabón junto a mí, moviendo todo el acolchado con su peso, observa la pantalla y me mira con una sonrisa pícara mientras me tiende un bol de palomitas.
—Sabes que es una reposición, ¿verdad? Creo que esto ocurrió por lo menos hace dos temporadas.
Lo observo espantada.
—¿Qué significa eso?
—Significa que todo el mundo sabe cómo termina menos tú… y también que tienes todos los capítulos disponibles para hacer un maratón. No me parece un mal plan —Sonríe agarrando un buen puñado de palomitas y metiéndoselas en la boca, mirando la pantalla con algo parecido a la reticencia. —Nunca entendí qué le ve ella —dice señalando al triste hombre que parece a punto de echarse a llorar. Yo también agarro un puñado de palomitas. Oh, ¿cuánto hacía que no comía de estas? ¿Mil millones de años? Me deshago de pura felicidad mientras me chupo los dedos.
—¿Quizás que es emocionalmente vulnerable? —respondo intentando que no me distraiga de todo el maravilloso drama.
Él frunce el ceño como si estuviera intentando resolver problemas de tres incógnitas.
—¿Vulnerable?
—Es tierno y un poco ridículo —suspiro.
—¿Cómo te va a parecer atractivo que sea ridículo? —dice metiéndose un nuevo puñado de palomitas en la boca y masticándolas de forma brusca, casi airada
—Bueno, yo no hago las normas —respondo y después le tiro una palomita a la cabeza—. Tú eres súper ridículo.
—Oye, no te rías de mí —dije con un mohín, pero recuperando esa gran sonrisa que en las últimas horas no deja de mostrarme—. O te lo haré pagar.
—¿Ah, sí?
Ranma me mira de soslayo y después suspira y niega con la cabeza, volviendo a prestar atención a la televisión. Me acabo el bol de palomitas y dejo a regañadientes mi reality, mientras Ranma me promete que tengo todos los episodios a mi completa disposición. Después hace la comida y me acompaña al consultorio del doctor Tofu en el hospital.
Todo lo hace con gestos pausados y aún así firmes, su mano comienza a estar muy a menudo en mi cintura, como una guía, una sutil insinuación de su constante presencia a mi alrededor, y no puedo decir que no me guste.
Me hacen una nueva radiografía, y por primera vez puedo observar la extensión de la fractura. Mi brazo crujió tan alto, dentro de mi cabeza, que me lo esperaba muchísimo peor.
—Está soldando bien y sin desplazarse, debes continuar así y en dos semanas más te retiraré la escayola.
—¿Aún dos semanas? —protesto de forma lastimera, pero él me mira implacable y con el ceño fruncido.
—No hagas esfuerzos, Akane. Si sigues las indicaciones te recuperarás sin problemas, dos semanas no son tanto.
—Me encargaré de que lo cumpla —dice Ranma, el cual está sentado junto a mí mirando con el ceño fruncido hacia la imagen de mi hueso y después a mi, como si él también me estuviera advirtiendo.
—Gracias por tu colaboración, Saotome —responde inclinando ligeramente la cabeza, como si mi propia opinión no contara para nada, estoy a punto de soltar una palabra malsonante cuando mi cuñado se aclara la garganta y se disculpa con una sonrisa—. Y ahora si no te importa, hay un asunto privado que me gustaría tratar con Akane.
Dejo caer la mandíbula levemente sorprendida, y Ranma asiente despacio y hace cuanto se le pide, comprensivo y atento.
—Estaré afuera —dice despidiéndose sin cuestionar nada, dirigiéndome una mirada llena de anhelo, como si separarse de mi lado le doliera de forma física, aunque sean diez minutos. Le sonrio con confianza y finalmente cierra la puerta, dejándome a solas y ligeramente nerviosa con mi cuñado. Durante una centésima de segundo me invade un terror cerval, percatándome de que quizás quiera hablar de mi vida sexual y de si estamos tomando precauciones, como si fuera mi maldito (y ausente) padre. En su lugar Tofu se retira las gafas y se restriega los ojos, parece agotado.
—Supe lo del dojô esta misma mañana, solo quería decirte que lo lamento muchísimo. Kasumi también está destrozada.
—Ah… Sí. Gracias —respondo con un nudo en la garganta, sintiendo que sus palabras me golpean profundo. Llevo un par de días disociada, apenas pensando en ello, sobrellevando el tema, pasando por mis sentimientos de puntillas. Las lágrimas se me agolpan en los ojos y me muerdo los labios. Me limpio con el dorso de la manga izquierda de mi chaqueta.
—No queremos presionarte, y entendemos que quizás necesites unos días a solas con tu… novio, pero quizás en unas semanas podríamos hablar de tu futuro, ¿te parece bien?
Miro hacia la puerta con añoranza, entiendo que es una conversación privada, pero ahora mismo daría lo que fuera por tener la presencia de Ranma junto a mí, quizás mi mano presionando la suya, como un ancla, como mi piedra de apoyo en la incertidumbre que se abre ante mí. No sé cómo explicarlo sin romperme, no me salen las palabras. Ha sido demasiado en todos los sentidos, mi sueño se ha despedazado y sin embargo aún no me encuentro preparada para despedirme de él.
—En unos días —convengo con voz trémula, y él asiente, como si con eso por hoy le fuera más que suficiente. Trago el nudo que tengo en la garganta y vuelvo a secarme las lágrimas—. Tofu…
—¿Sí? —inclina la cabeza, solícito.
—No deberías regresar a la poza, la policía está investigando.
El silencio se instala entre ambos y mi cuñado reflexiona mientras se cruza de brazos.
—¿Lo sabes de seguro?
—Sí, ninguno de nosotros va a regresar más.
Tofu alza las cejas ligeramente sorprendido.
—¿Ranma no volverá a pelear? No es lo que tengo entendido.
—¿Cómo?
—Akane, tú eres una recién llegada y estás herida, nadie te echará demasiado de menos si no regresas, pero él… Bueno, Ranma y Ryu representan el espíritu de la poza, no pueden dejarlo sin más. Tarô no lo permitirá.
Trago saliva y niego.
—No va a regresar.
—Ojalá y tengas razón, pero escúchame, ese mundo es peligroso. Si en algún momento te sientes amenazada quiero que vengas a nuestra casa.
—¿Amenazada? —discuto poniéndome en pie—. Ranma jamás me pondría en peligro, es más, ha hecho todo lo que ha podido por impedirme pelear.
—No hablo de él. Tarô es un yakuza, y no dudes en que usará todo lo que tenga en su mano para salirse con la suya. Si quiere que Ranma pelee, peleará, cueste lo que cueste.
Trago saliva y vuelvo a negar.
—No podrá convencer a Ranma.
—Tú solo hazlo, ¿de acuerdo? En cuanto veas algo raro sal corriendo de ahí, no es mal chico pero… No es una buena compañía.
Por segunda vez en esa conversación dejo caer la mandíbula, pero esta vez siento la indignación incendiando mis venas.
—Un médico que gana dinero ilegal atendiendo peleas ilegales tampoco parece muy fiable —escupo de forma venenosa y él baja los hombros.
—A mi no me echarán de menos, los médicos que trabajan a cambio de dinero negro abundan mucho más que los buenos luchadores, y ya no hablemos de los genios de las artes marciales. Está atrapado ahí, Akane. Yo solo intento que no te arrastre con él.
—Pues muchas gracias, ojalá y te hubiera interesado tanto cuando me mataba a trabajar malviviendo en un hostal mohoso. Nos vemos en un par de semanas —digo dirigiéndome hacia la puerta, poco dispuesta a seguir escuchando más argumentos en contra de Ranma, de nosotros. No se lo merece, Tofu no lo entiende, no conoce su enorme corazón.
Yo creo en él, Ranma me ha rescatado con sus torpes modales y me ha abrazado con esos enormes brazos. No voy a dudar cuando es la única persona que me mantiene atada a tierra firme, negándose a dejarme naufragar. Salgo de la consulta intentando no cerrar la puerta de un airado portazo.
Él se levanta como un resorte, estaba esperando sentado en una de las sillas de plástico de la sala de espera. No puedo decir que no llame la atención, con su porte imponente, su pelo negro atado en una trenza y sus ropas amplias y cómodas. Meter a Ranma en una pequeña sala se siente como encerrar a una pantera en una caja, un auténtico crimen.
—¿Ya terminaste?
—Sí, vámonos.
—¿Qué te dijo? ¿Todo bien? —Se interesa de nuevo, intentando frenarrme mientras yo avanzo veloz por los pasillos del hospital.
—Salgamos de una vez.
—Ey —Me detiene agarrándome de la mano buena y me mira con el ceño fruncido—. ¿Qué ocurre?
La furia, la tristeza, la frustración. Todo gira dentro de mí más y más rápido, convirtiendo el torbellino en huracán, asfixiándome desde el interior.
Estoy llorando. Ranma alza las manos hasta mi rostro y me mira lleno de lo que reconozco como un terror desbocado.
—¿¡Es el brazo!? —pregunta tentativo, el muy bobo ni siquiera alcanza a adivinar el motivo de mi turbación.
—Es el dojô —miento, y en seguida me siento miserable—. Tofu ya lo sabe y no me siento cómoda hablando de ello.
Ranma lo asimila y siento la tensión abandonar sus gestos, sus manos sobre mí dejan de estar crispadas y vuelven a ser dulces.
—Vamos a casa. Podemos poner tu reality, quizás te animes si ves llorar un rato a ese flacucho emocionalmente vulnerable —Sonríe de medio lado, sé que está haciéndome una broma y que trata de animarme, pero en estas circunstancias me cuesta devolverle la sonrisa.
—Sí, vale —concedo, y entrelazo mi mano con la suya. Le siento pegar un pequeño respingo, ligeramente avergonzado, hasta mira hacia los lados del pasillo, como si estuviéramos haciendo algo indecente en lugar de este gesto tan simple, lleno de complicidad.
Sus dedos se estrechan contra mi mano con algo más de fuerza y todo él se alza, parece volverse mucho más grande, como si fuera una pared que va a protegerme de todo mal, de todos mis problemas y todas las malas palabras, hasta las que van dirigidas contra él.
Me dejo llevar a casa, y vemos la televisión hasta muy tarde.
.
..
…
Un par de días después traen mis muebles. Dos operarios instalan todo en un abrir y cerrar de ojos y de repente tengo una habitación para mí sola y nos pasamos el todo el día terminando de instalarme. No me cuesta demasiado encontrar un hueco en el amplio armario para mis escasas prendas. Ranma se encarga de colocar el colchón y me ayuda con las sábanas, y cuando todo está listo él se queda mirando ceñudo hacia la pequeña cama individual.
No estamos haciendo nada inadecuado en su habitación, apenas me devuelve unos cuantos besos antes de rogarme que me duerma, pero esa intimidad, su cuerpo contra el mío, todo ese calor… Siento que ya lo echo en falta.
—Supongo que esta noche al fin podrás dormir —digo sin querer delatar mi propio anhelo, y él chasca la lengua y se da la vuelta, malhumorado. Fue Ranma quien se empeñó en que debía tener una cama propia, no entiendo que ahora parezca tan contrariado. Aún así agradezco la intimidad, ahora no tendré tantas excusas para entrar a su habitación a robarle camisetas, aunque creo que eso no le molesta en absoluto.
Doy vueltas en el colchón y las maderas del somier crujen bajo mi peso. A pesar de los cobertores y del espacio la cama se siente extrañamente grande y fría. Intento dormir sin demasiado ímpetu, estoy descansada y no hay rastro de mi habitual estado de extenuación que me llevaba a caer absolutamente inconsciente en el viejo futón antes de que volviera a sonar mi despertador.
Debería estar enormemente agradecida y sin embargo… Me levanto con la camiseta de tirantes y en ropa interior, definitivamente necesito pijamas. El hombro me pesa por culpa de la maldita escayola, no veo el momento en el que me la pueda quitar y volver a golpear algo. Los moretones de mi cara casi han desaparecido, y la herida en mi pierna está muchísimo mejor, menos hinchada y amoratada, hace ya días que apenas mancho las vendas.
Me escabullo de mi desangelada habitación y me planto frente a su puerta, me retuerzo entera dándome cuenta que es de madrugada, y desde luego que no debería estar ahí, intentando encontrar el valor o alguna pobre excusa para volver a colarme en su cama. Para que vuelva a estrecharme entre sus brazos.
No, no tengo excusa, y creo que tampoco la necesito. Llamo discretamente antes de girar el picaporte y él ya está ahí, como si hubiera estado esperándome, insomne, aliviado.
—¿Estás bien? —pregunta terminando de abrir la puerta por mí, con voz ronca y mirada oscurecida.
—¿Te he despertado?
—No podía dormir.
—Yo tampoco.
Veo su nuez subir y bajar, después mira discretamente hacia su cama, que es un amasijo de sábanas revueltas y cobertores tirados.
—¿Quieres…?
No termina la frase cuando lo abrazo torpemente por la cintura y pego mi mejilla a su pecho.
—Si —Lo escucho gruñir antes de que haga eso que se le da tan bien, abrazarme fuerte y lleno de una delicadeza tierna y necesitada. Suspiro de absoluto placer.
—Eres como una maldición, me torturas con tu presencia y me mata tu ausencia, dime qué puedo hacer para recuperar la calma… Dime cómo regreso en mí.
Me sonrojo mientras alzo las cejas, pero no alcanzo a distinguir su rostro cuando baja su boca y toma la mía en un beso lento y delicioso. Abro los labios y acaricia mi lengua con la suya, tan despacio y delicado que me siento levitar. ¿Es raro sentir que llevo necesitándolo toda mi vida? ¿Aún cuando no lo conocía? Mi vida con Ranma a mi lado hubiera sido muy distinta, y creo que la suya conmigo también lo habría sido. Quizás yo podría haber impedido que se metiera en tantas peleas. Quizás él le habría dado a Kuno una paliza mucho antes de que todo se saliera de control.
El estómago me da una voltereta cuando siento que me guía hacia la cama, mis pasos se vuelven torpes y desordenados mientras me gira y me tumba en su colchón, nuestros alientos agitados se entremezclan en los escasos centímetros de espacio que han dejado nuestros labios al dejar de besarse.
—Akane —jadea mientras siento una de sus manos acunando mi rostro, intento alzar mi mano derecha, y ahí está ese maldito trasto sin dejarme acariciar sus cabellos como necesito, enredarme en él con toda la entrega que quiero mostrar.
Hago un pequeño gesto de dolor y retraigo la mano hasta que cae sobre mi pecho, pesada y dando un nuevo tirón de mi hombro, él se detiene de inmediato.
—Vuelve a tu cama —susurra alzándose y dejándome ahí tendida, frustrada hasta lo más hondo de mi ser.
Me muerdo el labio inferior, terriblemente contrariada.
—¿No te… gusto? —digo sintiendo como me arde la garganta, intento tragar saliva para evitar el llanto que se condensa en los bordes de de mis ojos, y él gira la cabeza como si le acabara de pinchar.
—¿¡Hablas en serio!?
—¿Y porqué siento que te alejas de mí a cada paso que doy?
Boquea como si le acabara de propinar un golpe físico y real, le veo enfadarse poco a poco, mirándome como si no pudiera creer lo que acabo de decir.
—Necesitas recuperarte y no voy a ser un obstáculo en ese proceso. No vas a hacer esfuerzos, y si eso significa que no podemos dormir juntos así será. Y si tengo que empezar a entrenar de madrugada y darme más de tres duchas de agua helada al día no dudes que lo haré.
Escucho sus palabras, pero no las oigo en verdad. Sólo entiendo que me está echando del único lugar en el que deseo estar. Me levanto airada y rechazada.
—Tengo la impresión de que no eres así con las demás chicas.
—¿Qué chicas? —pregunta absolutamente pasmado.
—¡Las demás! —protesto sin saber bien porque saco el tema, por qué me pongo celosa de su pasado y me autosaboteo sólo por sentirme herida. Estoy siendo infantil y absurda.
—¿Crees que ha habido alguna otra mujer antes que tú? —dice haciendo que me detenga en seco, y esta vez soy yo quien le mira sin entender.
—¿Qué?
Ranma se lleva una mano a la cara y me observa en la oscuridad, desde su cama, agitado y malhumorado.
—No me gusta que me toquen, quizás no te has dado cuenta, pero soy muy celoso de mi espacio personal. Mi experiencia con mujeres se puede resumir en unos pocos besos adolescentes con chicas malas con sabor a cigarrillos, y creeme, fue más torpe que memorable. Así que por si te lo sigues preguntando, sí, tú eres la primera que se mete en mi cama, que me roba la ropa y que me toca sin que yo pueda hacer otra cosa que convertirme en un idiota balbuceante. Disculpa si te parece insuficiente.
Ahora la que traga duro soy yo, le observo en un silencio mudo y avergonzado mientras siento sus ojos recorrerme rápidamente, deteniéndose en esa venda de mi pierna, en la ropa interior, en la escayola.
—P-pero Shampoo dijo que…
—Oh, estupendo. Seguro que precisamente ella te dio información fiable —concluye con una sorna que no siente, y yo tiemblo entera sabiendo que no quiero continuar con esta conversación tan espinosa, tan vergonzosamente descarnada.
Las mejillas me arden, y de alguna forma sé que él no se encuentra mejor, tengo la sensación de que estamos enfadados por motivos absolutamente equivocados.
—Me voy a mi cama.
—Sí, gracias.
Salgo y cierro la puerta suave, rogando que Ryu no se haya enterado de nuestra pelea nocturna. Arrastro los pies hasta mi cuarto y me dejo caer en mi cama, donde ya no contengo las lágrimas, aunque ni yo misma alcanzo a entender porqué estoy llorando.
No pasa mucho rato hasta que escucho la puerta de la entrada y entiendo que Ranma ya no está en casa. Ha salido a correr o a entrenar, a mi eso no me está permitido en estos momentos, solo quedarme quieta, sola y confundida, haciendo daño a la única persona que me quiere proteger.
.
..
…
Me duermo de madrugada y despierto tarde, con la cabeza llena de pensamientos mezclados. No distingo bien mis sueños intranquilos de lo que ocurrió ayer por la noche. Ni siquiera siento que pueda enfrentar a ninguno de los dos hombres con los que convivo sin morirme de la vergüenza.
Aun así salgo de mi cuarto después de vestirme con ropa deportiva y me dispongo a buscar algo de desayuno. Encuentro a Ryu en la cocina con gesto ausente, me mira y saluda.
—Ya veo que la separación no os ha sentado demasiado bien.
Ruedo los ojos, como no. Es como una vieja cotilla que no puede esperar ni medio minuto para su dosis de drama vecinal.
—¿No dormías con tapones?
—Son incómodos, y comenzasteis a hablar bastante alto.
Mis mejillas arden, pero me niego a salir huyendo. Ryu se levanta y tiene la decencia de acercarme un café y una tostada, pero no se molesta en untarla con nada, así que le doy un bocado al pan desnudo sin ganas de pelearme con un bote de mermelada.
—Creo que le he hecho enfadar.
—No está enfadado contigo —Me corrige vehemente—. Está enfadado consigo mismo, porque no cree poder controlarse si sigues metiéndote en su cama —Sonríe como si fuera lo más divertido que le ha ocurrido, y no una situación tan frustrante como peliaguda.
—Me gusta dormir con él —admito sin culpabilidad—. ¿Debo dejar de hacerlo?
—Pórtate bien y recupérate. El día que ese hombre se decida vas a desear no haberlo provocado nunca, y entonces voy a tener que irme de esta casa, no creo que me sirvan los tapones. —Da un suspiro melodramático—. Seré un exiliado sexual.
—¿No te da vergüenza decir esas cosas? —protesto mirando hacia el pasillo, aterrorizada de que Ranma nos haya escuchado.
—No ha vuelto —dice adivinando el rumbo de mis pensamientos. Y mi cara muda al pánico absoluto, sabiendo que salió de madrugada—. Debe estar propinándole una paliza a algún púgil desgraciado.
Estoy a punto de hacerle notar que creo que siquiera ha dormido en casa cuando alguien llama a la puerta.
Ryu alza una ceja y yo me meto lo que resta de tostada en la boca.
—¿Salió sin llaves?
—¿Cómo quieres que lo sepa?
Abre la puerta y le veo abrir ligeramente la boca antes de que una voz conocida llegue a mis oídos.
—Hola, vengo a buscar a Akane.
—¿Akari? —pregunto confundida, terminando de tragar mi tostada, mi amiga me sonríe radiante entrando a la casa sin invitación.
—Ya has pasado suficiente tiempo rodeada de testosterona, es día de chicas. Nos vamos de compras —anuncia mientras yo sigo pasmada en la puerta, ni siquiera recordaba que habíamos quedado, pero si Akari lo ha notado no hace ninguna alusión a ello—. Necesitas ropa urgentemente —dice repasándome de forma ligeramente grosera, y Ryu, para mi propio bochorno, asiente.
—Asegúrate de que compre pijamas y ropa interior sexy.
—Nadie ha pedido tu opinión —Lo fulmina Akari, casi había olvidado que se conocieron en la poza durante mi combate contra Shampoo, y desde entonces su relación no parece haber mejorado lo más mínimo.
Ryu alza las manos, intentando parecer inocente.
—Cierto, pero si tuviera que apostar diría que el encaje siempre es una buena opción.
—Por favor Akane, vámonos antes de que este idiota me pegue la estupidez.
Los miro renuente y le doy un trago a mi taza de café.
—Estaré lista en diez minutos —digo corriendo hacia mi habitación.
Quizás un poco de distracción es justo lo que necesito.
.
..
…
—Akari, por favor, estoy agotada —suplico mientras mi amiga me empuja a la enésima tienda del distrito de tiendas.
—¿Qué dices? Si acabamos de empezar —contesta con el ceño fruncido mientras sin verguenza ninguna comienza a agarrar vestidos de las perchas y a tirármelos encima, como si no tuviera un brazo roto o no llevara ya al menos cinco bolsas colgando de mi brazo izquierdo.
Solo puedo decir que Akari no tiene compasión, me sacó con tenazas todo lo ocurrido con Ranma, y ahora parece cruelmente empeñada en hacerme gastar dinero de forma grosera, hasta asegurarse de que tengo un nuevo armario que le deje boquiabierto.
—Vuestro problema es que él está preocupado por tu salud, mientras que tú solo eres una bruta necesitada —concluye mientras me empuja al probador—. Haz el favor de ponerte eso.
—¿Cómo quieres que me abroche los botones si me falta una mano?
—Lo haré yo, pero pruébate estos vestidos.
—Son demasiado… femeninos.
—Es ropa de cita, sabes lo que es una cita, ¿verdad?
—¡Claro que sé lo que es una cita!
—¿Y has tenido alguna?
— …No.
—Ahí tienes el maldito problema. Te falta tacto y estás absolutamente desesperada por algo de cariño, ese pobre hombre va a perder la cabeza si sigues así.
Tengo una pequeña pelea con una cremallera que de alguna forma consigo ganar, Akari abre la cortina, me mira de arriba a abajo y asiente.
Dos horas más tarde me dejo caer exhausta sobre la mesa de una cafetería mientras mi amiga pone delante de mí un bubble-tea de melocotón. Las bolsas nos rodean como en una de esas horribles películas en las que la protagonista da un cambio de imagen radical, y consigue impresionar al chico que siempre le ha gustado y hasta el momento jamás se ha fijado en ella.
Bebo mi té mientras en mi cabeza no paran de bailar los números y los tickets de compras.
—Creo que eso han sido más de doscientos mil yens —jadeo intentando echar cuentas, Akari sonríe animada.
—Ha sido divertidísimo, sobre todo la tienda de lencería.
En todo el día apenas me he acordado del dolor de la pierna o del brazo, supongo que eso significa que estoy mejorando.
—Akari, ¿piensas en el futuro? —pregunto de repente, haciendo que la sonrisa en la cara de mi amiga empequeñezca hasta casi desaparecer.
—¿Te refieres a dónde quiero estar dentro de unos años? —Asiento expectante y ella parece pensárselo un momento—. Bueno, sé que no quiero ser camarera para siempre. Mis padres querían que me encargara del negocio familiar, pero me negué y ahora no tengo grandes planes: Me gustaría tener mi propio negocio y ser independiente. Quizás una peluquería de mascotas, algo pequeño y bonito, solo mío. Con eso sería muy feliz.
Trago saliva mientras juego nerviosamente con el vaso de té entre mis dedos y me sincero con ella.
—Yo he pasado demasiados años visualizando un único futuro. Estoy en mi casa, en mi dojô, y doy clases. Vivo allí, rodeada de mi familia, de mi madre, de mis hermanas, hasta de mi padre… —trago saliva—. Y me acabo de dar cuenta que ese nunca fue un futuro, siempre deseé recuperar lo que perdí. Mi dojô ha sido destruido, y en su lugar ahora solo queda un solar en el que un especulador inmobiliario va a levantar un bloque de apartamentos. No veo el futuro, siento que nunca lo ví de verdad. Me siento perdida.
Akari atrapa mi mano desde el otro lado de la mesa.
—Pero eso maravilloso, Akane. Ahora tienes la oportunidad de construir tu propio futuro, un sueño tuyo y de nadie más. Tu vida es un lienzo en blanco y lo puedes pintar del color que elijas.
Me miro el brazo en cabestrillo, la pesada escayola.
—¿Tú crees?
Ella asiente entusiasta.
—¿Una chica joven, guapa y con dinero? El mundo está a tus pies, ¿en serio no hay nada con lo que sueñes?
—Quiero volver a pelear, aunque no en la poza —admito después de mucho tiempo, con las mejillas ruborizadas y mirándola de forma esquiva—. Y quiero que él esté a mi lado. Quiero que no corra peligro, que salga de ese mundo, que la gente entienda que es un hombre bueno y justo, y no una mala influencia. Quiero que Ranma esté orgulloso de sí mismo y que podamos seguir juntos.
—Ese es un buen sueño —apunta Akari con una sonrisa hermosa—. Estoy convencida de que lo conseguirás.
Cenamos fuera, y después cogemos un taxi hasta la casa de Ranma y Ryu. Cuando llegamos a la puerta ya ha anochecido, y yo me he permitido un día completo de compras y gastos como jamás en mi vida. Si no he dejado que Akari me arrastre hasta un pub a beber es porque aún necesito analgésicos y sería una pésima idea mezclarlos con alcohol.
Cuando llama al timbre los nervios se me agarran a la boca del estómago. Me pregunto si Ranma ya regresó, si sigue molesto conmigo, si quizás ha estado preocupado… De ser así tampoco me ha mandado ni un solo mensaje.
La puerta se abre de un chasquido rápido y de pronto me topo con sus ojos azules buscándome implorantes. No puedo más que esconderme detrás de mi amiga, mientras sus anchos hombros hunden apenas unos centímetros mientras se queda ahí parado.
—Es tarde —dice a modo de saludo.
—Perdona, desconocía que tuviéramos hora —Se burla Akari cargando con la mayoría de las bolsas y entrando en el espacio que hace las veces de recibidor. Las suelta sobre el suelo y regresa a mí, cogiendo las demás. —Hemos estado ocupadas —explica, como si hiciera falta a la vista de las pruebas.
Yo también entro en la casa, y paso a su lado intentando que no note el leve temblor de mis piernas al respirar su aroma a jabón y musgo de bosque.
—Tenemos que hablar —Me susurra al oído, inclinándose tan levemente sobre mí que solo puedo sentir que lo he imaginado.
Ryu también aparece y silba impresionado.
—Lo habéis pasado bien —dice con una sonrisa admirada.
—Se compró pijamas.
—¿Tomasteis en consideración mi propuesta?
—En absoluto.
—Gracias por todo Akari, te llamo y nos vemos otro día —Despido a mi amiga sintiendo que no quiero que Ranma se percate de su conversación encubierta.
—Cuando quieras —Me guiña un ojo y se dirige a la puerta, pero antes de salir Ryu abre su gigantesca boca para preguntar algo imprevisto.
—¿Y conmigo cuando vas a quedar? —dice con su mejor sonrisa de seductor, Ranma se desequilibra un poco y yo le miro pasmada.
Akari se queda quieta y camina hacia él, lo enfrenta sonriendo solo con los labios.
—Lo siento, ya pasé esa época en la que inocentemente creía que podía cambiar a un chico malo. Salgo con alguien que no necesita que lo cambie. Te lo presentaré.
Ryu frunce el ceño con la confusión bailando en su rostro, y Akari sale por la puerta caminando fuerte, altiva y triunfal. Creo que nunca la he admirado más.
Cuando nos quedamos los tres a solas, con la entrada sembrada en bolsas de compras Ryu expulsa todo el aire de sus pulmones y nos mira afectado.
—¿Soy un chico malo? —inquiere llevándose una mano al corazón.
Yo me encojo de hombros, Ranma parece a punto de explotar en una carcajada, pero se contiene y regresa sus ojos sobre mí.
—¿Cenaste? —pregunta cómo una madre preocupada, yo asiento y empiezo a recoger todas mis compras, y él me las quita de las manos de inmediato—. Deja que te ayude.
—Puedo hacerlo sola —respondo orgullosa, intentando arrebatárselas.
—Pero quiero ayudar.
—Y yo no te lo he pedido.
Ryu tiene el buen criterio de salir huyendo sin decir una palabra, ambos nos giramos al oír el sonido de la puerta de su cuarto al cerrarse.
—Mira lo que has hecho —Le digo agarrando cuanto puedo y dejando las bolsas encima de mi cama. Él me sigue con el resto de mis compras, dejándolas por el suelo de cualquier forma.
—Es mayorcito, sabe cuándo sobra —dice resoplando.
—¿Dónde fuiste? —ataco sin embargo, mirándolo de forma ruda y aún dolida, él me observa un instante y para mi propia desazón cierra la puerta y se apoya en ella, cruzándose de brazos. Bien, él ha dicho que teníamos que hablar.
—A entrenar.
—Qué bien que al menos uno de los dos pueda hacerlo —contesto mordaz, comenzando a sacar mi ropa nueva y ocupar las perchas del armario. Extiendo un par de faldas que siquiera recuerdo haber comprado, pero con una mano es complicado.
—Deja que lo haga yo —Se ofrece de nuevo.
—No soy inútil, no me trates como si me fuera a romper.
Ranma hace un mohín y tiene la decencia de parecer levemente avergonzado.
—Te dije que tardaría un tiempo en que se me quitara el susto, y lo decía en serio. No fuiste tú quien tuvo que meterte en un coche y pensar que te morirías por el camino. Pasé auténtico pánico Akane, no te enfades conmigo solo por querer asegurarme de que estás bien.
Me detengo un instante y toda su portentosa figura de pronto se me antoja pequeña, con los hombros hacia delante y la cabeza gacha. Suspiro sintiendo como toda la pesadez de nuestra discusión se disipa poco a poco.
—Lo siento —digo con sinceridad—. Sé que intentas cuidarme y que no te lo pongo fácil.
Él alza la mirada y una pequeña sonrisa se muestra por primera vez en su rostro.
—¿Lo sabes?
—Sí, pero no me gusta que me alejes por eso. Hoy ni siquiera me he acordado de los analgésicos, y la herida de la pierna está casi curada, de hecho debería ir a que Tofu me quite las grapas.
—Puedo quitártelas yo —dice enderezándose un poco mientras yo coloco un vestido veraniego de color amarillo, sus ojos lo siguen con un claro interés.
—¿Sabes hacerlo?
Él suelta una carcajada hueca.
—¿Tienes idea de la de heridas que nos hemos hecho Ryu y yo? Sé poner vendajes, hacer curas, coser piel y quitar puntos. Soy prácticamente un enfermero a tu servicio.
Yo también sonrío sin poder contenerme, es demasiado fácil hablar con él, demasiado sencillo dejarse llevar por su leve coqueteo, por esa sonrisa irresistible.
—Entonces supongo que estoy en tus manos —digo sentándome en la cama con un suspiro, dándome cuenta de lo agotada que estoy.
—Dame un momento —dice saliendo de la habitación y regresando con un botiquín. Me recuesto con la espalda contra la pared, mi cama no es tan amplia ni cómoda como la suya, pero el colchón es lo suficientemente ancho para que mis pies apenas sobresalgan unos centímetros en perpendicular.
Me observa en un silencio tenso.
—Vas a tener que quitarte eso —dice señalando a mis pantalones, y no es como si no me hubiera dado cuenta de ello, pero me deleito con su cara mientras me pongo en pie y me retiro la prenda ajustada con algo de esfuerzo, ayudándome de mi brazo útil. Él me mira, vaya si lo hace, me observa callado y atento, siento sus ojos calentando mi piel desnuda cuando me quedo en ropa interior y regreso a la cama. No es como si nunca me hubiera visto así, pero el hecho de desvestirme ha sido un acto lleno de erotismo que he disfrutado.
No soy tan estúpida para no percatarme de que podría haber sido caballeroso y haberse girado, dándome intimidad, o al menos salir de la habitación un instante. Pero se ha quedado ahí mismo, mirándome en un silencio compungido, exhalando respiraciones profundas. Famélico.
De alguna manera retorcida saboreo el deseo insatisfecho, la atracción inconclusa. Y descubro sin proponérmelo que este juego es algo que puedo manejar, algo que puedo utilizar.
—Voy a quitarte la venda —dice trepando sobre la cama y poniendo una mano en el pequeño cierre que yo misma he ajustado antes de salir con Akari. Asiento leve mientras siento el calor de sus manos ejecutando un trabajo bastante profesional. Mira las grapas y asiente—. Sí, hay que retirarlas.
—Ya te lo dije.
—No te muevas —Me advierte mientras revuelve en el botiquín y extrae una especie de tijeras muy pequeñas con una boquilla cuadrada.
—¿Eso está esterilizado? —pregunto solo por molestarle, él frunce el ceño.
—No me desconcentres.
—¿O me volverás a poner las grapas?
—Eres una graciosilla impertinente cuando quieres —dice entre dientes comenzando a trabajar en mi herida, y no puedo evitar sentirme admirada mientras lo hace. Retira todas las grapas quirúrgicas rápido y sin hacerme daño, después aplica antiséptico antes de volver a vendarme. Cuando termina parece satisfecho de sí mismo.
—¿Me quedará cicatriz? —pregunto con una preocupación fingida bastante bien teatralizada.
—Sí —responde siguiéndome el juego.
—Vaya, eso significa que mi padre no me podrá encontrar marido.
Ranma estalla en una carcajada limpia y real, tan sincera que hace que se aprieta fuerte el nudo de mi estómago cuando sus ojos azules, claros como el cielo en verano, me miren divertidos.
—¿Te hace gracia? —digo frunciendo el ceño y apretando los labios.
—Mucha, me recuerda algo que pasó hace tiempo con mi padre.
—¿Trató de buscarte esposa? —pregunto inclinándome hacia él, brutalmente interesada.
—No, fué aún peor. Me compró una.
Pestañeo y alzo una ceja, Ranma niega y trata de explicarse.
—Al parecer algún pobre diablo lleno de deudas se jugó a las cartas la mano de una de sus hijas, y mi padre se lo tomó muy en serio. Regresó a casa muy orgulloso diciendo que me había conseguido una prometida, pero obvio el tipo desapareció y nunca más supo de él.
—Eso es horrible —digo sintiendo el monstruo de los celos mordiéndome las entrañas, y Ranma se encorva sobre mí con una sonrisa socarrona.
—Lo mismo mi prometida reaparece cualquier día para reclamarme, quizás entonces tengas que luchar por mí —concluye ladeando la cabeza y siento el tenue roce de sus labios contra la piel de mi cuello.
—Ah, un hombre trofeo. Justo lo que siempre he querido —respondo intentando aparentar indiferencia.
—Soy un buen partido, sé cocinar, limpiar, hacer la colada, cuidar personas convalecientes… —Siento su aliento contra mi oreja, le escucho inspirar y exhalar lento y compungido—. Joder, que bien hueles —maldice, y eso provoca en mí un pequeño espasmo, un ronroneo orgulloso.
Sus manos arrugan las sábanas a ambos lados de mi cuerpo y yo inclino el cuello, dándole un permiso tácito y expectante que él entiende. Sus labios me besan allá donde la piel es más sensible, donde ya dejaron una marca que hace días desapareció, olvidada y sin rearmar. Me besa suave, con una delicadeza implorante mientras sus manos se deslizan sobre mi piel y se prenden de mis muslos, de mi cintura, trepando por los huesos de mis costillas y volviendo a bajar. Su aliento caliente me abandona, se aleja un instante, me mira turbado.
—No quiero hacerte daño —confiesa lastimero, con sus manos sobre mi.
—Tú nunca me harías daño —respondo con una pequeña sonrisa llena de confianza, Ranma abre los ojos sorprendido y yo busco su boca. Siento sus labios colapsar contra los míos enmudeciéndome por completo, su lengua comienza a invadirme mientras me tumba en el colchón con un cuidado que no hace más que enternecerme hasta el infinito.
Le echo las manos al cuello y me esfuerzo por acomodarme a pesar de mis impedimentos. Sus manos me recorren impetuosas, desatendiendo cualquier intento de contención. Sus labios se mueven en besos densos y profundos, y pego un pequeño grito cuando siento como sus dedos ascienden atrevidos y rodean uno de mis pechos, presionando sobre el sostén.
Me invade un temblor desconocido y todo mi ímpetu y atrevimiento anteriores se diluyen ante mis ojos cuando su otra mano quita el broche de mi espalda y la prenda queda holgada y floja ante sus manos.
Siento que voy a morir de puro bochorno cuando todo su peso cae sobre mí, todo él con su enorme cuerpo se hace un hueco entre mis piernas y lo siento pleno y duro. La cabeza me da vueltas cuando su mano derecha repta por debajo de la tela y acaricia mi pecho sensible y desnudo, mis pezones se yerguen ante el tacto y yo me separo de su boca para inhalar aire de forma rasposa e indecente.
—Ranma —gimoteó mientras toda su anatomía me envuelve y acalora, todo él me venera en un idioma táctil y profano—. Para.
—¿Paro? —pregunta al mismo tiempo que suelta mi pecho y sus manos desandan el camino hasta mi espalda baja, bordeando el inicio de mi ropa interior. Me mira inquieto y yo trago saliva.
Estoy respirando tan fuerte y rápido que no me salen las palabras, él se aleja dándome espacio y yo me retrepo en la cama, intentando entender lo que me está ocurriendo.
—Q-quiero ir a una cita —digo de forma terriblemente incongruente—. Al acuario, al zoo, al parque de atracciones… Quiero hacer el tipo de cosas que hacen las chicas cuando tienen novio.
Mi guerrero me observa atento, un poco preocupado.
—¿Quieres que te invite a salir?
—Sí.
Sonríe como si lo que acabo de decir le resultara terriblemente divertido.
—Vale, salgamos —admite.
—Y quiero dormir contigo… Sólo dormir.
—¿Te ha molestado que te toque? —pregunta bajando la mirada, como un perrito regañado.
—¡No! —Me apresuro a negar—. Sólo no esperaba que fuera tan… —Me aclaro la garganta—. Intenso.
Ranma lo sopesa con cuidado y después se pone en pie.
—Te espero en mi habitación —dice dándome un beso fugaz en los labios, y dejándome a solas para respirar y revolcarme en mi odiosa indecisión.
Me ha asustado, esa es la verdad. Esta intimidad repentina me ha pillado desprevenida a pesar de haberla buscado con todas mis fuerzas.
Salgo de la cama ruborizada y me apresuro a buscar uno de los pijamas que ha elegido Akari. Me meto en el baño y me doy una pequeña e incómoda ducha. Me cepillo el pelo, me lavo los dientes, me pongo esa cosa de satén. Es un conjunto de dos piezas, con pantalón corto y camiseta de tirantes finos. Algo frío si fuese a dormir sola, pero no si voy a pasar la noche pegada a semejante estufa humana. Me miro en el espejo con los nervios arañándome la garganta. Atravieso el pasillo hasta su habitación y lo encuentro con su pijama, ojeando despreocupado lo que juraría que es un manga.
Me mira y lo cierra de un golpe.
—¿Ese es tu nuevo pijama? —pregunta desconcertado.
—Dijiste que debía comprarme uno.
Gruñe mientras me acerco a la cama.
—Me refería a uno que no me hiciera pensar en arrancártelo.
Me sonrojo mientras termino con el espacio entre nosotros y él se echa a un lado mientras me tapo con los cobertores. El olor de Ranma me mece de inmediato, se siente como el hogar. Sus manos no tardan en estar a mi alrededor, sobre mi, todo él se amolda a mi cuerpo y se me erizan los cabellos mientras me acuna contra él, mientras susurra perezoso.
—Llevo todo el día pensando en nuestra pelea, y en cómo creíste que no me gustabas, no quiero que tengas dudas; Me vuelves loco, Akane. Me pasaría el día entero tocándote.
Trago duro sintiendo mariposas en el estómago, su agradable calor, su piel en contacto con la mía. No sé cómo explicarle lo nuevo y excitante que me resulta lo que descubro a su lado. Que estoy tan asustada como ansiosa, que tengo ganas de gritar, de tirarme sobre él y de salir huyendo, todo a la vez.
—Me alteras, me desquicias… Quiero que me toques y me da miedo lo descontrolada que me siento cuando lo haces.
—Tú también puedes tocarme —jadea con un tono grueso y lento, y yo siento que me deshago en agonía, que la escayola me molesta más que nunca.
—Creo que lo haré mejor cuando vuelva a tener las dos manos disponibles —contesto frustrada.
—Bien —ronronea acomodándose como un gato inmenso, una pantera que me rodea con sus garras mientras mi trasero queda en contacto absoluto contra él, y lo siento rígido y dispuesto. Tenso mientras se mece de forma imperceptible y yo jadeo ronca y agitada, hasta que me duelen las mejillas.
—Ranma… —protesto débilmente.
—¿Te metes en mi cama con ese pijama, me dices ese tipo de cosas y pretendes que no me altere? Llevo días apretando los dientes hasta que me sangran las encías, intentando contenerme. He decidido que es inútil, tendrás que ser tú la que me diga hasta dónde puedo llegar, cuanto me dejas tocar… Cuando debo parar. Me rindo, Akane.
Pero en su voz no hay derrota, solo ansiedad. Su mano aprieta más mi cintura y me ciñe sobre él haciendo que el roce se vuelva lascivo, se arrastra sobre mi trasero haciéndome reprimir un grito, un suspiro. Una de sus manos se cuela bajo la tenue tela y sube de nuevo buscando la cumbre de mi pecho, tomándolo en su mano mientras su boca me besa el cuello y el movimiento se torna cadencioso, demoledor.
Dije que solo quería dormir, y sin embargo me encuentro incapaz de reafirmarme, volviéndome líquida, incandescente.
Aprieta mi pecho y de su garganta asciende un ruido gutural y complacido, su otra mano se desliza centímetro a centímetro sobre mi vientre hasta alcanzar la cinturilla elástica de mis pantalones. Me tenso como la cuerda de un violín mientras siento el nudo de mi garganta estrangularme y su mano bajar hasta que sus dedos se posan sobre la unión de mis piernas.
Gimo incrédula, quizás demasiado alto. No me importa, y a él tampoco parece importarle mientras sus dedos se pasean tímidos sobre mi ropa interior, despertando en mí un río de lava, un abismo de infinita caída.
Abro la boca intentando que el aire me llegue a los pulmones mientras Ranma lame mi cuello y sus dedos comienzan a acompasar el propio movimiento de sus caderas.
Es una locura, el corazón me va a explotar, yo entera voy a explotar mientras comienzo a gemir a cada envestida, a cada milimetro de tortuosa presión sobre mi sexo.
No puedo hacer más que volverme loca, me sobra la ropa, quiero arrancármela, quiero besarlo mientras no deja de hacer eso que está haciendo. Intento agarrar sus manos, su pelo… La maldita escayola me lo impide. Gruño frustrada y sus dedos pierden un poco de presión.
—¿No te gusta? —pregunta sofocado, soltando mi pecho y posando su mano sobre mi caja torácica. Yo inspiro una bocanada mientras sus dedos pausan su bendita tarea.
—Es solo que… —Me giro y rompo el contacto, él se acomoda sin protestas y yo lo miro en la tenue iluminación de la habitación, está igual de sonrojado que yo—. Es incómodo no poder moverme como necesito.
—¿Entonces paramos?
Me muerdo los labios y él los mira, esperando mi respuesta.
—Creo que sí.
Ranma inspira una vez, dos, tres veces. Cierra los ojos y parece entrar en un estado de meditación profunda.
—¿Hoy no quieres salir a correr? —preguntó con curiosidad.
—Llevo todo el día entrenando como un desquiciado, me duelen hasta los párpados. Dame un instante.
Y se lo doy. Yo también intento tranquilizarme, recuperar el resuello mientras recoloco mi ropa y mis ideas. Me acurruco a su lado y sin saber muy bien cuando, me quedo profundamente dormida entre sus brazos.
.
..
…
Hay una discusión en el pasillo.
Me incorporo en la cama y siento que me pesa el no haberme tomado ningún tipo de calmante durante todo el día de ayer. Muevo los dedos de mi mano derecha, intentando estirarlos a pesar del pesado yeso, y me pongo en pie.
Las dos voces masculinas continúan alzándose y durante un instante temo que sea culpa mía y de mis descarados gemidos nocturnos, que Ryu vuelva a estar molestando a Ranma y mi guerrero se revele como siempre hace.
Pero me basta acercarme hasta la puerta para captar los detalles de una conversación que no está destinada a mis oídos.
— ¡…hemos hecho siempre, no entiendo el problema!
—¡Es que eso no significa que esté bien!
—Si tú no quieres pelear no lo hagas, pero necesitamos el dinero.
—Pues a lo mejor deberíamos pensar en otras alternativas.
La risa dura de Ryu reverbera a través de la puerta, es una de esas mordaces y carentes de humor.
—¿Eso es lo que le vas a decir a mamá cuando aparezca por aquí dentro de unas semanas?
Silencio.
Pego por completo la oreja a la puerta, sé que no está bien pero no puedo evitarlo.
—Se está volviendo peligroso, y la policía está investigando —murmura Ranma.
—La policía está comprada, ya lo sabes. El único que se lo toma en serio es ese inspector Hibiki, y eso es porque sus altos cargos quieren un chivo expiatorio. En cuanto se acerque demasiado Tarô se encargará de él.
El corazón se me encoge ante el nuevo silencio.
—¿Y te parece bien?
—No me jodas, Ranma, ¿ahora nos importa la policía?
—Eres mejor que eso, Ryu. No eres un perro de pelea furioso en una jaula, y yo tampoco. Tarô es un avaricioso sin escrúpulos, y quiere que muramos ahí dentro para dar espectáculo.
—Nada nuevo.
—Ryu… —escucho su tono contenido, casi puede ver su expresión frustrada, sus puños apretados y en tensión.
—Entiendo que ahora estás muy ocupado con tu vida personal, y que quieres alejarla de allí, pero yo no soy tú. Voy a pelear en unas semanas, y espero que estés allí para apoyarme.
—Claro que estaré, eres mi hermano —Su tono compungido deja salir su profundo desánimo, su preocupación.
—No me pasará nada, yo siempre gano —contesta Ryu con un tono ligeramente condescendiente.
Los pasos se alejan y escucho un resoplido, regreso a la cama con el corazón cabalgándome rápido y una inquietud amenazante extendiéndose por mis entrañas. Tengo la sensación de que algo está a punto de ocurrir.
——————–
Nota de la autora:
En este capítulo nuestros protagonistas comienzan a dejarse llevar, ¡pero no todo es ideal en el paraíso! Los problemas se amontonan en mitad de su idilio, y tarde o temprano tendrán que lidiar con ellos, aunque por el momento podemos dejarles un momento de felicidad.
Gracias a todas las personas que siguen leyendo este fic al que le hemos dedicado tantas horas y cariño. Gracias a Dani porque su maravillosa traducción nos permite llegar a aún más personas, y gracias a mis betas siempre por sus opiniones y correcciones.
Preparaos porque el siguiente capítulo viene MUY hot.
Besos.
LUM
NOTA DE ILUSTRADORA.
¡Que emoción lo que viene! – Ya saben, aunque no esté dibujando sigo de la mano con el proyecto, muchas gracias por sus comentarios y por seguir leyendo!!. Los próximos se publicaran más rápido!! El próximo capítulo espérenlo pronto.
lostqm


Deja un comentario